El albergue

Nosotros construimos el albergue con mucho cariño y muchísima ilusión. Para que fuera un espacio de retiro, de desconexión y de mucha, muchísima paz. Un ambiente rústico, como las casas de antes de los pueblos, con paredes de piedra, puertas de madera macizas y estancias amplias y luminosas. 

 

 

En el albergue se respira un aire fresco y de paz, con fotos de paisajes, animales, vivencias, grupos... que dan vida a nuestro establecimiento. Hay un espacio de lectura con novelas de nuestro territorio, publicaciones de montaña y otros libros. Tenemos juegos y juguetes para los más pequeños, así como tronas, cambiador de bebés, utensilios de comer de plástico, cuna, etc. todo está pensado para los más mayores y los pequeños. A fuera, al patio, hay un parque infantil con pasarela y tobogán. También una mesa de ping pong y una barbacoa al exterior a disposición de nuestros clientes.

 

Nuestro deseo fue hacer un albergue cómodo y 100% funcional para todo el mundo, desde familias, grupos... hasta personas con discapacidades ya que también tienen derecho a sus vacaciones y salidas de ocio. Es de una sola planta y todo comunica al comedor o sala de actividades de manera que es fácil controlar a todo el mundo que pernocta. 

 

Nos gusta recibir a la gente con mucha familiaridad y cariño. Intentamos satisfacer todas sus necesidades e inquietudes y dar el mejor servicio en todos los sentidos para que queden satisfechos no, sino lo siguiente. Cuando tenemos un grupo, aunque no sea demasiado grande, les damos la exclusividad del albergue de manera que tienen todas las habitaciones para repartirse y pueden disfrutar de todas las instalaciones en total intimidad, así que se sienten como en casa. Nos adaptamos a sus horarios y fijamos las comidas según sus necesidades y esta máxima flexibilidad es una de las cosas que nos caracteriza y diferencia. Así como nuestra cocina, de máxima calidad y totalmente casera, sin aditivos ni conservantes, con productos de la tierra cocinados de manera totalmente tradicional.

 

En el albergue tenemos algo muy especial. Nuestra chimenea. Es grande y hecha de obra muy atractiva y que ocupa un sitio especial en nuestro comedor. Un fuego abierto a pie de tierra que da una tranquilidad a la estancia que no se puede describir si uno no lo vive... no sentamos en uno de los sillones, con un libro en mano, delante del fuego y nos dejamos llevar... dentro de la chimenea hay un serpentín de cobre por el que pasa agua que se calienta por la temperatura del fuego y que circula a través de los tubos de la calefacción. De tal manera que, con la energía del fuego, calentamos todas las estancias de nuestra casa.

 

 

Como cumplimos con toda la normativa y pasamos satisfactoriamente todas las inspecciones oficiales, formamos parte de la Red de Instalaciones Juveniles de Cataluña con el número de registro AJ000473, cosa que nos da una garantía y un aval de cara a nuestros clientes. Aún así, nuestro albergue es de titularidad privada, de una familia pequeña y humilde que valora mucho los conceptos de familia, generosidad, lucha y estima. Cuidamos el albergue y nuestros clientes como si fueran huéspedes de nuestra casa, ya que para nosotros, el albergue no es un establecimiento frío y creado para el turismo de masas o el turismo "sin nombre" (pasa la gente y ni nos fijamos en su cara ni intercambiamos palabras...) sino que todo lo contrario. El albergue es nuestra casa principal y así es como lo cuidamos y cuidamos a la gente que viene. Los conocemos, hablamos y cenamos con ellos, intercambiamos opiniones, nos reímos.... incluso hacemos buenas amistades! Después de nueve años de vida, nos hemos llevado buenos amigos y amigas por el camino de todo el mundo con quienes aún nos escribimos y mantenemos contacto. 

Además, en muchos rincones del albergue encontramos la huella de muchos grupos que han pasado por nuestra casa y que nunca olvidaremos... a todos ellos, mil gracias!